martes, 17 de mayo de 2011

El Pescado (II)

Gloria Reynolds - Art & Tradition - Vinho Regional Alentejano

La incorporación del pescado y marisco y su consolidación como parte fundamental de la alimentación de la población general, no sólo es garantía de aporte adecuado de proteínas, vitaminas y minerales, sino que supone una alternativa muy adecuada al consumo de otros alimentos con alto valor proteico, pero con peor calidad de su grasa, constituyendo una de las mejores inversiones en salud a corto y largo plazo.

Conozcamos por ello algunas cosas más sobre los pescados. Por ejemplo la diferencia entre los llamados pescados azules y los blancos.

Hay varias maneras de clasificar el pescado, una de ellas es según el contenido graso que presentan, si bien éste depende de factores diversos como disponibilidad de alimento, temperatura del agua, época del año ó estado de maduración sexual.
En general se suelen establecer 3 tipos:
- Pescados magros o blancos: con un contenido en grasa inferior al 2% (bacalao, rape, lenguado, abadejo, bacaladilla, lubina, merluza, raya, etc).
- Pescados semigrasos: el contenido graso se sitúa entre 2-7%, (trucha, besugo, congrio, dorada, rape, rodaballo, entre otros).
- Pescados grasos o azules: contenido en grasa entre 8-15% (caballa, sardina, jurel, atún, salmón, pez espada, boquerón, mero…).

En base a otros criterios, podríamos destacar por ejemplo, las almejas, por su alto contenido en hierro (unos 24 mg/100g de producto), la sardina, por su popularidad y su alto contenido en vitamina B12 (unos 28 microgramos por cada 100 gramos de pescado), ó la sepia, por su alto contenido en selenio (unos 65 microgramos por cada 100 gramos de pescado), mineral al que se le atribuye un papel antioxidante.


A la hora de comprarlos, es conveniente comprobar que el pescado presente:
• Aspecto limpio, brillante, piel húmeda.
• Ojos limpios, brillantes, húmedos y salientes.
• Ligero olor marino, a fresco
• Agallas muy rojas, brillantes, como las láminas separadas sin olor y sin
mucus.
• Carne firme y elástica al tacto, fuertemente adherida a la espina central.

El pescado es un producto muy perecedero que se deteriora con facilidad. Por ello es importante mantener siempre la cadena de frío (comprarlo en el último momento para que llegue a casa en el mejor estado posible) y limpiar el pescado lo antes posible para retardar su deterioro. Si no se va a consumir en el momento hay que guardarlo en el frigorífico o congelarlo. La congelación rápida hace que se mantengan los valores nutricionales del pescado, en los mismos niveles que tenía en el momento de congelarse. No hay, por tanto, razón que desaconseje la ingesta de pescado congelado y además hay un argumento muy favorable a su consumo: la congelación mata a los anisakis, eliminando el peligro de infestación y posibles alergias relacionadas.

¿En qué situaciones se debe limitar el consumo de pescado?
-En caso de ácido úrico elevado habrá que restringir el consumo de pescados azules y mariscos, pero no de pescado blanco.
-Las personas hipertensas evitarán los pescados y derivados que contengan un alto contenido en sal.
-En mujeres embarazadas, algunos investigadores aconsejan evitar el consumo de pescados grandes como el pez espada ó atún, por su posible contaminación con mercurio.

Sin embargo, frente a estas pocas desventajas encontramos múltiples buenas razones para comer pescado:
-Tiene pocas calorías
-Aporta múltiples nutrientes esenciales
-Reduce el riesgo frente a las enfermedades cardiovasculares y de tiroides
-Según un reciente estudio, parece mejorar el estado de los pacientes con cáncer.
-Es adecuado para todas las edades y en casi todas las patologías
-Posee sustancias antiinflamatorias
-Es fácil de digerir

Para conocer más a fondo cada uno de los tipos de pescado podéis pinchar aquí.

Para degustar diversos platos os proponemos una gran variedad de recetas, entre ellas algunas de grandes chefs, y otras más sencillas.

 Curiosidades: Visita un mercado de pescado en Aomori, Japón.

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