martes, 16 de agosto de 2011

El ayuno de Ramadán y su influencia en la salud (I)

A mesa puesta Durante el mes de Ramadán, que este año transcurre a lo largo del mes de agosto, musulmanes de todo el mundo, y cerca de 2 millones de personas en España, ayunan desde el amanecer hasta la puesta del sol.

Cada año, 1500 millones de personas en el mundo se abstienen de comer y beber durante las horas del día en el mes de Ramadán, cuya fecha varía de acuerdo con el calendario lunar. Tiene una duración de 29 ó 30 días y las horas de ayuno varían según la estación del año y país, aunque suelen durar en torno a 12-18 horas, transcurridas las cuales se ha de romper el ayuno. Se suele hacer con el llamado ‘iftar’ tras la puesta de sol. Al día siguiente, antes del amanecer, es habitual tomar un desayuno abundante ó ‘suhur’, que ayuda a mantener las fuerzas hasta el siguiente anochecer.

Durante el Ramadán los musulmanes practican la abstención absoluta de la ingesta, tanto de alimentos sólidos como líquidos, incluida el agua, y de medicamentos, desde el momento de la salida del sol hasta su puesta, sin restricciones en el resto de horas del día.

El Ramadán es uno de los cinco preceptos del islam y a pesar de su relativa dificultad, presenta beneficios desde el punto de vista social, espiritual y físico. Los beneficios sociales, consisten en que la gente tiene más conciencia de la necesidad que pasan otras personas con menos recursos, que ayunan a diario porque no tienen nada que comer, mientras que los físicos radican en que es un tiempo en el que se da un cierto reposo al sistema digestivo. Además, es un momento ideal para romper malos hábitos, reflexionar sobre nuestra personalidad y mejorar el carácter.

Sin embargo, no todos están obligados a cumplir el Ramadán, y en el grupo de los exentos se encuentran las mujeres embarazadas y madres lactantes, los enfermos, los niños, los ancianos y los viajeros, incluyéndose también aquellos que desempeñan trabajos duros y que, por ayunar, podrían sufrir deshidratación. La preservación de la vida siempre está por encima del Ramadán.
Pese a que sólo deben realizarlo los adultos cuyo estado de salud lo permita, muchas personas con patologías desean seguir el ayuno, con el esfuerzo que ello puede suponer en esta época calurosa del año. Los enfermos de algunas patologías crónicas, como por ejemplo la diabetes, que deseen ayunar deberían buscar asesoramiento médico y nutricional previo, ajustando su tratamiento para minimizar complicaciones en su enfermedad.

Según el Consenso Internacional de Marruecos, de 1995, en los pacientes con diabetes tipo 2 estable, sin complicaciones crónicas y no tratados con insulina, se puede permitir el ayuno con un riesgo aceptable.

También, según se recoge en el trabajo de Azizi, las personas con diabetes tipo 2 bien compensada y controlada pueden ayunar sin grandes riesgos, pero se desaconseja enormemente el ayuno en caso de diabetes tipo 1, en pacientes diabéticos descompensados, con mal control de la glucemia ó en caso de diabetes gestacional.

También desaconseja el ayuno en casos de insuficiencia renal crónica ó diálisis, aunque los pacientes trasplantados bien controlados podrían tolerarlo bien, siempre bajo supervisión médica. Se desaconseja también el ayuno en casos de EPOC ó asma severa, en casos de cirrosis ó hepatitis, ó en caso de úlceras de estómago complicadas. Sin embargo, también según este autor, podría beneficiar a personas con colitis o trastornos de la motilidad intestinal.

En definitiva, a pesar de que el ayuno de Ramadán es llevadero y seguro para la mayoría de las personas, (en personas sanas, según reflejan investigadores americanos, no suelen aparecen cambios bioquímicos destacados), en caso de enfermedad es conveniente seguir las recomendaciones médicas y científicas y siempre que sea necesario, romper el ayuno a cualquier hora del día.

Durante el Ramadán, hay un cambio importante en el ritmo de alimentación habitual en comparación con la rutina del resto del año. La mayor parte de los posibles problemas de salud que pueden surgir son consecuencia de los excesos de comida o por horas de sueño insuficientes.


Durante este mes, la dieta de las personas con diabetes  tipo 2 que decidan ayunar no debe ser muy diferente de lo habitual, siguiendo una dieta equilibrada y saludable. Diversos trabajos recalcan la importancia de la educación diabetológica previa al ayuno, que  podría ayudar a las personas con diabetes a seguir unos hábitos dietéticos y de medicación correctos durante este periodo, minimizando los riesgos de episodios de hipoglucemias, y prevenir la ganancia de peso, lo que potencialmente redundaría en un mejor control metabólico de estos pacientes.

En la mayor parte de los estudios realizados al respecto, se observa que en un 50-60% de los casos el peso se mantiene estable a lo largo del mes, mientras que en un 20-25% se pierde o se gana peso. 

Frente a la dificultad que supone mantener una dieta equilibrada con tan pocas comidas al día y, además, en periodo nocturno, compitiendo con las horas de descanso, el principal hallazgo de este estudio evidencia la importancia de mantener las comidas tradicionales, en el seno doméstico, durante el Ramadan, para conseguir una dieta más ajustada a las necesidades nutricionales en esas condiciones, que en algunos casos es incluso de mayor calidad que la que habitualmente se sigue durante el resto del año.


Para saber más:

Ø       Tratamiento de la diabetes mellitus durante el Ramadan. Servicio de Endocrinología y Nutrición. Hospital Universitario del Mar. Barcelona.
Ø       Artículo reciente (Julio 2011) sobre el manejo de la medicación hipoglucemiante durante el ayuno.
 

Por: Lati Escudero

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